Venta

 

Muchas miradas se apoderaron

de las muchachas magistrales y tibias

que la aurora vino a visitar

engalanada con libros

de pastas tímidas y canto sideral.

Una primavera se

desabrochó el pecho

para dejar ver un círculo de hojas traviesas.

El sol como de costumbre

izó sus banderas nucleares

que envió en forma de besos

para el mar que ya partía para la escuela.

En las tardes cuando

las leyes de la geometría

del cielo rompen con el dolor humano,

toman de la mano la santidad

que corre por las venas del dolor

y lo llevan a nadar a las aguas

de las estrellas asustadas

por el ruido de la memoria.

Pero su oratoria

sin embargo hace que

la lluvia se teja como

cortina que cuelga se los altares de los santos.

Y la tierra y sus cantos

finalmente se vuelven hacia el niño

de un cuerpo de esperanzas

que cuando levanta la vista

las ecuaciones del invierno

empiezan a vender su alma.