LA DISTANCIA ALMACENADA

Published by Las letras y los Días

Stockholm, Sweden

Copyright © Arturo Reyes Mata, 1985

All rights reserved.

Printed in Stockholm, Sweden, 1985

Reprinted 1990, Stockholm

Reprinted in London, England

by El Filo del Viento, Stockwell,

London, 1995

Published  by Zero publishers, London, 2001

All rights reserved Arturo Reyes@

Arturo Reyes

 

 

ÍNDICE

 

Todos a la Marcha

Aquí ya no llora nadie

Ciudadano norteamericano

El pueblo

Siempre adelante

Biblioteca

Mas allá de la edad

Instante

Hoy

Desde entonces

Visita

Enmudecía el mar

Es difícil

Los perros del Valle del Sur

Los envidiosos

El peor enemigo del hombre

Pasando el puente

Los intransigentes

Deja que te bese el viento

Que no llamaste

Llegar tarde

La distancia almacenada

 


TODOS A LA MARCHA

 

 

Al filo de las bocanadas del viento

la bandera ondea debatiéndose

por despertar a las nubes de su desasosiego

y el sol,

indeciso, pregona sus colores

primarios a los puños relucientes del pueblo.

Ahí, los pájaros formarán orquestas voladoras

con las cuerdas del arco iris

Ahí, los pies andarán como tractores decididos

por arar el pavimento.

Los brazos son como eslabones

enrojecidos por el sudor de la consigna

Todos a la calle

Todos a la calle

porque el gigante anda suelto

y drogado,

mostrando todas sus cavernas dentadas

y puntiagudos los deseos paranoicos y podridos

El gigante con nariz de cohete,

cachetes de paja

y barba de hongo termonuclear está vociferando,

pero sus aspavientos no se comparan

al estruendo catastrófico y milenario

de las bocas con rosas y fusiles de brisa caribeña,

pueblo de color de noche seductora

el pueblo que azotó la cortina del alba

por aparecer en la esquina de la historia

e iluminada con letras de molde

desgarradas.

Es el pueblo de manos callosas

que se enfurece al chasqueo de las olas

destrozadas por el hierro

y pisoteadas por los boinas verdes

mientras el viento es mancillado

por las cínicas

carcajadas de los pájaros de acero.

En el rumbo natural del arco iris

los dedos y los ojos marchan juntos

deslizándose a lo largo del reluciente

cañon del fusil

al momento de crisparse por los ojos azules

y uniforme de muerte rubia.

Las canas del viento risueño se

agitan en la tarde

de un invierno prudente,

casi encima.

Una risotada de noticias nos arrincona en el sofá:

con páginas detenidas

y aves rayoneadas con saliva ensangrentada,

fosforescentes los libros colindantes con los bolsillos

se endurecen a causa de las peroratas maltejidas

y chorreadas de inmundicia,

vomitadas al otro lado del transistor anudado

en las mañanas y tardes insanamente ensambladas

Rugidos asqueando la verdura de la tierra.

Debido a las tardes, incontables, enrojecidas con horas traicionadas

ahora seremos nosotros los que formaremos filas,

haremos multitudes como nubarrones con el seño fruncido

Todos a la marcha

Todos a la calle

Todos a la marcha

Todos a la marcha

Cubramos las calles con gritos certeros

que no quede un solo adobe

sin ser sorprendido por las banderas cariñosas.

Que no quede ningún hueco en el aire

sin alcanzar las rimas de coraje

que aguarda a los pasos firmes

del ritmo y acompañado con carteles

Todos a la marcha

Todos a la marcha

Junten cada cual sus esperanzas

y métanlas en un viaje con ruedas

de hojarasca húmeda y de rocío cristalino

donde deberán dormitar alarmadamente

junto a las banderas, las amplias mantas

y los bullangueros volantes

trepidantes de certeza panfletaria,

junto a las brumas acalambradas

de las noches frías que cicatrizan los charcos de las calles

ya transparentes ellas por el deseo

de recuerdos asiáticos, apresurados, nostálgicos

en dos pies

Todos a la marcha

Todos a la calle

Todos la marcha

Lleven cada cual sus pétalos más aromáticos

envueltos en llamadas

acojinadas con rencores milenarios

Todos a la calle

Todos a la marcha

Todos a la calle

Juntemos las manos

hasta besar las tempestades reprimidas

en los puntos cardinales,

que endurecidos silenciosamente con los años descoloridos

y apolillados por los deseos empapados de impotencia pasajera.

Los ríos se vuelven temblorosos en los recodos

sin embargo repiquetean en las piedras

y cuando sus manos se crispan a causa del murmullo del alba

un ataque trapero desdibuja su largueza

enverdeciendo al silbido ondulado y

por terciopelos del viento fraterno del caribe rojo

Todos a la marcha

Todos a la calle

Todos a la marcha

Y no olviden traer

lo mas cercano a su corazón

para mezclarlo con el murmullo desatado

por los relámpagos enclavados al margen encolerizado del horizonte,

y con el perfume de flores traídas de los campos de batalla

Todos a la marcha

Todos a la calle

Todos a la marcha

Todos.

 


AQUI YA NO LLORA NADIE

 

Al otro lado del río Grande

más abajo

lánguidamente y con buitres amamantando al aire

las campanas tañen.

Espaldas encorvadas

levantan el rostro sudoroso

para ver pasar

arrogantes

los pájaros de acero

que dibujan geometrías

y dividen al cielo

en más sudor y menos sudor.

Hay muchos que están

lejos de entender

que esos pájaros

también fueron hechos

con el sudor de otros tantos

sobre la desconsideración del viento

y para la edición de cheques

mal ataviados.

El sistema de lo mío

y de lo tuyo

tiene dividido al mundo

en cielo y tierra.

Al otro lado del río grande

y más abajo

hay sombras

que acechan en la maleza;

se alimentan con ráfagas,

de tormentas aullantes y andrajosas

camisas verdes como las mismas savias;

y después de serenatas de relámpagos

beben en los ríos de sangre

azotados

que vienen corriendo,

volteando la cabeza insistentemente hacia atrás

desde que empezó su memoria a ser memoria.

Al otro lado del río grande

de norte a sur

tenemos tantos golpes

en la piel

que ya ni muertos

cabemos en la muerte;

ya no podemos morir

porque la muerte

es parte de nuestra vida.

Aprendimos todas las muertes viviendo,

testarudamente viviendo.

Al otro lado del río grande

campea la promiscuidad del crimen,

la apología de la maldad,

el asesinato como espectáculo sonriente

en la escuela de las fauces babeantes, oscuras

y mostrando la dentadura de oro,

los trajes impecables,

excrecencias monetarias,

nítidos sobre diseños

encajados por el producto de la apología del

cuchillo afilado.

Es el águila blanca defecando ultrajes,

es el cielo devorando a la tierra.

Al otro lado del río grande

a pesar de todo

no es el llanto

el que destilan

las pupilas

es sencillamente

la necia costumbre

de exprimir los puños en los ojos

y decir

‘Aquí ya no llora nadie’

todo porque queremos

que el corazón y las demás partes nobles del cuerpo

se expresen con flores.

Al otro lado del río grande

estamos destilando injusticias

para mortificar la esperanza

a medida que sus pesadas gotas

resuenan al chocar con el fondo

del limbo cristalino que desparrama espejos

con imágenes de caras de esos,

que al final,

cuando el horizonte se abra

en estallidos de mariposa,

flores borrachas y agrupaciones multicolores

serán conducidas al paredón del desprecio

Al otro lado del río grande

ahí ya no llora nadie

porque sobre los mares recabados con lágrimas

enfilamos velas hacia el amanecer

donde nuestras heridas serán sanadas

por el rumbo de la historia

Ahí ya no llora nadie

Ahí ya no llora nadie.

 


CIUDADANO NORTEAMERICANO

 

 

Acuérdate del cadalso con gruesas capas de muertos

Acuérdate del color verde empapado de sangre

Acuérdate ciudadano del arca de cortadas manos

Acuérdate americano

cuando los ríos eran de terror,

y los montes eran de cadáveres mancillados

Acuérdate ciudadano norteamericano

que te aterre el desconsuelo

Acuérdate ciudadano

de la llaga negra que dejaste

sangrando allende el mar

Acuérdate ciudadano como esclavizaste

al africano

Acuérdate ciudadano

de las desgarraduras neutrales del cielo

Acuérdate de las nubes tomadas como rehén,

y del viento encadenado en las fauces de los cañones

Acuérdate americano

de los campos trillados por los groseros tanques,

grotescos, desgraciados

Acuérdate norteamericano

de las alas de cuchillo abriendo al viento

Acuérdate ciudadano

de las lecciones de tortura

impartidas por las regiones obscuras

swásticas del planeta

Acuérdate americano

como las caras bellas de la tierra

escupían niños injuriados

Acuérdate ciudadano

de las cabezas aturdidas por los escombros

que tendían la mano

Acuérdate americano

como escondías el puñal,

la serpiente

el fango

la inmundicia

en tu mochila grave

Acuérdate americano

de los ojos rasgados que te vieron defecar

con soles extraños

Acuérdate norteamericano

de la selva triste

de tu águila que es blanca

con garras negras

con pico de oro

con alas de tijeras

y con cola de esperpento

Acuérdate americano

del terreno candente

plano, casi plano

casi tuyo

casi de ustedes

casi llorando

Acuérdate americano

como saliste huyendo

con millones de ojos clavados

en la espalda

con millones de dólares

impulsando tus pies y filmando

con millones de metales aullando,

avergonzadamente llorando

con millones de bestias enjauladas

y con la cola entre las patas

Acuérdate americano

del azul celeste caribeño del mar

Acuérdate americano

de la vergüenza con barcos podridos

que ensucian el mar de las antillas

Acuérdate ciudadano

de las barbas obscuras

que hicieron jardines

donde había basureros

que plantaron aromas colectivos

que plantaron armas

y flores

frutas y libros

semillas y colores

Acuérdate norteamericano

que todos vivimos en América

y que todos te detestamos

que todos te culpamos

los niños te culpamos

las flores te culpamos

los negros te culpamos

los blancos te culpamos

los amarillos te culpamos

todos los colores te culpamos

las mariposas te culpamos

las duras rocas

los mansos ríos

los campos regados

te culpamos

los frágiles aromas

los horizontes bañados

las níveas nubes

el otoño y el verano

te culpamos

las hojas verdes

las hojas amarillas

la hojarasca

los ojos en blanco

te culpamos

los montes alegres

los bellos insectos

las alimañas

las mañanas felices

las tardes enrojecidas

todos los días

te culpamos

los arco iris robustos

te culpamos

las manos crispadas

las dulces manos

los llantos profundos

los suspiros hondos

los pechos henchidos

los brazos caídos

todos los muertos

te culpamos

te culpamos

acuérdate ciudadano

te culpamos

Acuérdate norteamericano

te culpamos

acuérdate.

 


EL PUEBLO

 

El pueblo

es como una montaña dormida

es más que montaña

es el sueño y la montaña

El pueblo

es como un respiro quieto,

agazapado en la noche

es más que respiro

es el ritmo imprevisto del respiro

Es la masa

es más que la masa

un engaño, milenario, necesario

un rencor atado al plato de comida

El pueblo

es una espalda

es más que espalda

es el látigo, el chasquido y el golpe en contubernio

un gemido asistido por imprecaciones al silencio

Es una esperanza

es más que esperanza

un esfuerzo insobornable, lacerante

sin horario

es la multiplicación de una vertiente

intencionada

Es una tormenta

es más que tormenta

es el maridaje del cielo con la tierra

es la tensión rechinante entre nubes blancas y negras

es relámpago agazapado en la montaña

Es un sueño

es más que sueño

una llaga molestada con envidias

un eco encadenado en los países con sueño

Es un viento

es más que viento

es las montañas, las estaciones

sus amantes

es los nervios tirantes

que accionan al viento

El pueblo es el pueblo.

 


SIEMPRE ADELANTE

 

Siempre adelante

adelante siempre

hacia donde los montes

se templan

hacia donde el acero cruje

siempre adelante

adelante siempre

Avanzando por caminos de nervios

hileras de angustia

muros culturales,

muertos

Siempre adelante

adelante siempre

sin color en la cara (cuando se llora)

sin armas que hagan humo

con los diez cuchillos de las manos

con los mares entre los pies

y un árbol amarrado

letanía de relámpagos

descascarando al cielo

Siempre adelante

adelante siempre

más allá de los pasos

por encima del ‘ir al trabajo’

del canal 4 del 2

del vecindario

Siempre adelante

hacia donde los truenos

se fecundan

y se aprietan con tan solo verlos

hacia donde las edades se calzan

con banderas blancas

y nacen con terciopelo

bandas de colores

que ciñendo la ancha frente

eran antes de los puercos

siempre adelante

adelante siempre.

 


BIBLIOTECA

 

Un mundo que se acuesta

donde el cielo y la tierra son hojeados

el corazón y el cerebro del hombre

marcando pasos

Ahí las playas del comportamiento

alcanzan a ser sanadas dulcemente

con el vuelo de aves multicolores

que a su vez, levantan el asombro en vilo: vuelo deletreado

En tu pertinente parpadear de lunas

un contacto de labios humedecidos

por renglones y floreros engranados (también estudian)

Un rocío de cristales mansos

sublimados con sonrisas de días calados

en arbustos sombreados

como impidiendo el paso de seños fruncidos,

senos uncidos

también caben.

Un bostezo innecesario, borroneado

en las pastas gruesa de las enciclopedias

cuello alto

entonces todavía portada

es el pelo que cae despreocupadamente

sobre tus hombros de columna,

enseguida

sosteniendo los canceles

esos que me recuerdan tu rostro brillante;

compañera

cascabel de la mañana

funda, refugio de mis miradas

Ya vas

y vienen tus libros

a vivir en las calles

en los bolsillos,

en los talleres

en los puños

en el pan

Por la mañana a vivir

siempre entre pasos, platicando

entonando situaciones con situaciones

números con cuerdas sentimentales

En el horizonte

formado por las montañas de tus libros:

el cielo y la tierra se aparean gramaticalmente

para hacer las palabras del amanecer;

ella no deja escapar la perseverancia

de cristales

que cubre el ala frágil

ventana al universo que se desliza

como urgencia robustecida

hilos y tejidos en barniz;

rito hondo, ella, el alma.

En ti

el mundo se confiesa

te cuentan sus secretos

sus pétalos se cuentan

las gotas de lluvia cuentan

sus mares se cuentan

hasta la espuma se toma en cuenta

aún el chasqueo melindroso y el crujido del viento cuentan

En ella

las veces que nos dimos besos

se basan

los reflejos del mundo (eterna florescencia)

flanco desatado

único

tú,

rayos de sol almacenados

tú,

silbidos comprimidos en las hirientes

filas de la sintaxis

En ti

el mundo se confiesa

pues rezando vine yo al mundo.

 


 

MAS ALLÁ DE LA EDAD

(A Edgar Trujillo de los Santos, 1984)

 

I

                             i         n          o

Una ráfaga de v          e         t

no quiso dar su cara

se fue apresurada

rumbo al alba,

solo vimos en el monte

llagas

mancilladas como lágrimas rebeldes

enracimadas

y una flor

cerca del pavimento

abrazando al campo

entristecido.

Te vimos como

                                  o     

r                           b          c        d    o   

   í            d       s                  a

     o             e

Anclabas tu

                           o             i

             c                                         r

     r                                                          i

a                                                                      s

en el ocaso

y tus manos rodeaban

la cintura brumosa de lo incierto

Con balas surcabas

las anchas sendas del enigma

que es la vida

y una marcha corta

z     g        a         ü        a             t

    i        z         g        e            n             e 

conducíate al sueño eterno

 

No pudimos evitar

c

         a

                 e

                        r

la noche en tus ojos

hablamos ampliamente

adoloridos

esperanzados

orgullosos

acerca de tu última

aventura

Llamó a la ventana

el disparo frondoso

del placer

Viviste de las pocas

lunas del planeta:

la espesura de sus selvas,

la altura de sus hazañas

y las mañas

de los días resueltos que tendían

sus sábanas limpias

para tu frágil pero recio e imberbe

cuerpo en cristal alado

Volabas lejos

tu pensamiento

que atabas a las flores

de tu edad y al viento

prestabas oídos sordos

al consejo,

al sol abierto

 

II

Dime tu volcán

que tu edad

te ha enseñado todo

dime tú que tan blanca

era su alma.

Tu volcán que tu cabeza blanca

corona al cielo

dime tú sierra milenaria

si de veras viste al fuego

con que jugaban

las manos del muchacho

III

Mas allá del llanto

pedimos

corazones abiertos

pistilos erguidos

pétalos encorajinados

Mas allá de nuestra sangre

pedimos ráfagas

de dedos señalando

la parte obscura

en donde se esconde

aunque maltrecha,

maniatada

mancillada,

la balanza

en que habíamos confiado

Mas allá del mas allá

quedamos ciertos

que la venganza tiene tantas caras

como tumbas tiene el cementerio.

 


INSTANTE

 

Un instante profundo

con aroma de abetos

cruzó mis rígidas manos

en busca de murmullos librescos

como congéneres humanos

Un parpadear machacón

me atacó a la vuelta

de la decisión tomada

no pudimos allanar la morada,

enfilé mis nobles coses

para sombras mejor dibujadas

Cabizbajo como lámpara de cuarto

aporreo los resortes de la cama

ama de los sueños

y pormenores

del embrollo mórbido cobijado

Las esquinas del deseo

se alebrestan

por letras incoloras, desabridas

y sin redondez monetaria.

Con puertas corredizas magulladas

por ríos fronterizos

y con rizos

en las sienes para malograr

a la dialéctica

mi táctica

incipiente pende sin técnica protuberante

de los desechos cobijados

con lluvias pregonadas

encimadas y ataviadas

con los bríos enlutados

del estertor disidente

candente y envolvente

abarrotado por claves

de pianos echados al olvido

prenatal

letal queda aún

sin embargo la infancia fragante

y con alma cabalgante

retando sigo a la causa

principal.

 


 

HOY

 

La mañana

amaneció dormida

y casi

lo olvido

El sol

cobijado con nubes grises

y dibujos blancos

se negó

a darme la cara

la cama verde de las montañas

se estiró

bostezando

El viento tenía los pies helados

la ciudad se levanto

tomando café (como de costumbre)

pero hoy

mas que el resto del año

Manos y brazos

transpiraron consumando

la arquitectura cita dina

que iniciaba

su charla cotidiana

Con la venia del aceite

las máquinas

rechinaron los dientes

en los bolsillos hediondos del patrón

Al lado opuesto

del horizonte

la lluvia

dejó caer sus níveas faldas

despertando

a las aves que la noche anterior

se habían desvelado

a causa de la fiesta

de savia

llevada a cabo

por las hojas de

los árboles habitantes

en los brazos

corpulentos del río

El polvo

de los caminos

mejor se quedó

guarecido

bajo la fresca sombra

de las piedras

El río (como culebra orgullosa)

estrenó ruidos

diversos

en el pecho

de la tierra y daba

los buenos días

a los árboles

cuando se alejaba dejando flores

para que las montañas se pintaran sus ojos

El ambiente estaba hecho de un suspiro gramático

 

 


 

DESDE ENTONCES

 

 

El horizonte había caído

herido de muerte

suerte que tenía

tus manos a mi lado

y desde entonces fuego,

pólvora desde entonces,

desde entonces llanto

ola de orgullo y de cuchillos

tirados a herir fronteras

Desde entonces almas taciturnas

soplando a los quehaceres del amanecer

Desde entonces

las dos caras del alba me sonríen

y dibujan parvadas de pájaros asustados

Desde entonces los edificios perdieron su cuadratura

y la altura sueña en círculos concéntricos

Desde entonces

el color de mi piel

se sacude las semanas con horas deslavadas

las páginas de los diarios

corren asustadas

al verme pasar gimiendo

por los árboles de manos abiertas

Desde entonces

los libros se amontonaron

alrededor de mi guitarra

y como garra

me hundo en las montañas

femeninas, recíprocas

redefinidas

Desde entonces

infinitos son los espejos

que no quieren mi retrato

solo su abismo

se abre como boca hambrienta

forcejeando,

como demandando mi cuerpo (también abierto)

Desde entonces

desde que dejé tus manos

desde entonces

desde entonces

desde

ese

entonces.

 


 

VISITA

 

 

Sabes

me vino a visitar la lluvia

venía vestida

de tarde con adornos de verano

la acompañaba

un torrente de suspiros

y recuerdos dulces

Los pajarillos

hicieron de eso un pretexto

para abrazarse una vez más

escondidos entre el enjambre

de las hojas fisgonas (colmadas de envidia)

y de los árboles ruborizados

Todo eso me puso pensativo

y me quedé absorto

viendo a través de la ventana dormida

como la lluvia se revoloteaba

de alegría

al tocar el suelo

y los colores

corrían despavoridos y en parvadas

aun el viento

caminaba silbando

bajo la lluvia

Los árboles

alzaban sus brazos al cielo

en señal de agradecimiento

quizás intentaban tocarle los pechos a las nubes

( muy poco se pude saber de las intenciones en el mundo natural)

lo que si es seguro

es que cuando llueve

las nubes cambian de expresión

como si estuvieran

padeciendo amargamente por la humanidad

una pena milenaria

y la lluvia parece ser

como llanto

(La verdad pudiera estar en el mar y en los ríos, y en los lagos también)

Algunas veces la tristeza

del cielo

coincide

con la de las personas,

sin embargo

cuando

la lluvia

se aleja

sobre la tierra deja

mensajes

y espejos

para que las nubes

alborotadas

se peinen

 

 


 

ENMUDECÍA EL MAR

 

Enmudecía el mar

la espuma languidecía

los reyes de la arena

con pasaportes caprichosos ardían

Soñaban los forcejeos del miedo

soñando y las prensas ventilando

el entorno.

Entonces voy con esa desnudez testaruda

y con las cobijas arañando

cabeceando como se hace la escritura pues,

allá la amargura ondeando con los dedos

helados pero desde luego

aminoro ese tormentoso y abrumador letargo

con hojas llorosas,

secas, dormidas, caídas amando,

como bordes de murmullo.

La armonía, traza nubes

largas ahí donde al día le faltan

puntos cardinales, costales de espuma

estrías en desvelo o amansadas y empolvadas.

De acuerdo con las cortinas

que no fueron corridas y los atentados

que obedeciendo se fueron como palomas,

pasa el filo de las ventanas abiertas que se desnudaron

bajo el canto de los rayos

de un sol anegado por su propia luz

Ya no hay flores en el enigma,

y en la calma las ropas arden

y se peinan, deliran y mutuamente se alargan.

No solo ese es el modo valeroso

que acostumbra el aliento obedecedor,

(sino que al parecer)

los roles en escenas plagadas

con puntos obscuros

fueron escritos sobre la espalda del miedo

Amarillamente deslizando o amando

socavando los intersticios ya desbordados o, arando

con los ojos abiertos semiabiertos o, sonando

y colgando de una cadera con soles enlutados, o

macerando, se abre el telón del día.

 


 

ES DIFÍCIL

 

Es difícil acostumbrarse al parpadear incansable

de las luces de la ciudad

en todo caso a sus venas cerradas con lujuria

a sus caras abiertas al amontonamiento de celos

aún viviendo una con una, sudor con sudor,

fuego con fuego.

Cuantas veces uno se pregunta del progreso

le suceden las cosas que le suceden al atardecer

se especula, en cambio, de los amores del día y la noche

los coches y el camino, de las cosas y sus filos

de los hilos conductores de las series rasgadas de eventos

acostumbrados al quehacer cotidiano.

Cuando los ojos llueven

urdimos un inventario de momentos

desfilando hacia la tristeza

pareciendo que solamente en esos momentos

une se ve aprisionado contra la verdura del mar,

la blandura de la guerra

el odio del amor,

la luna del sol

y el llanto de los generales.

 


 

LOS PERROS DEL VALLE DEL SUR

(Alburquerque, New México, USA)

 

 

Las calles del valle del sur

por las noches son custodiadas por perros.

Ante los ruidos más insignificantes

ellos irrumpen histriónicamente en estruendosos

ladridos y así adornan el manto oscuro del valle.

Una noche rumbo a mi casa

pasaba en bicicleta por uno de los caminos del valle

(pues en el valle no hay calles como en las ciudades)

donde indefectiblemente

era atacado rabiosamente por perros.

En la oscuridad del camino

cerca de mi domicilio

vi como varias siluetas de perros

cobijadas por la noche de verano.

Como de costumbre, me preparé a recibir

un ataque canino más.

Al pasar cerca de ellos

vi que eran dos pero, no me hicieron caso, siguieron

entretenidos en su perruna existencia:

parecía que se acariciaban

el uno al otro.

No cabe duda que el amor

nos hace olvidar que hay guerra.

 

 


 

LOS ENVIDIOSOS

 

I

Hojeando las páginas oscuras de los rincones,

me ves, te ves, nos vemos, te vemos.

Con la cara apretada por sonrisas restiradas,

me ves, te vemos, nos vemos, te vemos.

La tierra tiene regiones áridas

pero tú, ustedes tienen áridas las manos.

Las piedras yacen en los montes y caminos, pero

tú, ustedes yacen estorbando en todas partes,

pisotean todas las sombras de todos, en todas partes:

sombras grandes, sombras chicas,

algunas veces simples sombras.

No pudiendo escalar las alturas

de las almas limpias que se miden

desde la cabeza hacia el sol, tú, ustedes, queriendo,

acostumbran llenar los cuartos, las salas, las calles,

los carros, las fiestas, todos los rincones del espacio

humano, y lo llenan con gordura aromática

e indigencia intelectual.

Siempre pisando talones

siempre pidiendo prestados los pasos,

siempre usando banderas para hacer sombra,

siempre buscando espaldas para clavar la insidia

siempre buscando unos hombros,

o cualquier parte del cuerpo para implantar

la revancha.

Siempre buscando el centro de la mirada,

los papeles blancos para anotar primeramente el nombre

enturbiando el aire profiriendo: ‘sí, yo lo hice, yo,

y yo, y yo, y también yo, luego yo, entonces yo, ahora yo,

siempre yo.’

Sí, tú, y solo tú, solamente tú eres ese yo, yo para ti

tú para tu yo, yo para tu yo, tú para tu tu.

 

 


 

EL PEOR ENEMIGO DEL HOMBRE

(Alburquerque, New México, USA, 1985)

 

 

 

Cuando era pequeño y estudiaba la escuela primaria

quería ser grande para poder hacer todo lo que

los hombres acostumbran hacer.

Cuando estudiaba la escuela secundaria

el profesor de literatura nos hizo la pregunta

de cuál era el peor enemigo del hombre;

nosotros ceñudamente citamos toda la flora

y la fauna que habíamos aprendido hasta entonces, pero nunca acertamos.

El profesor fría y categóricamente nos avanzó la respuesta:

‘el peor enemigo del hombre es el hombre mismo’

Cuando cursaba la escuela preparatoria

vi cómo ‘el peor enemigo del hombre ‘

asesinaba compañeros de clase durante una manifestación.

Comprendí a partir de ahí, que ‘el peor enemigo del hombre’ tenía nombre.

Más tarde aprendí a luchar contra los nombres del ‘peor enemigo del hombre’

Desde hace varios años que los retengo en mis días.

Ellos son los mismos que no quieren

que se forjen hombres con poesía.

 

 


 

PASANDO EL PUENTE

(Alburquerque, New México, USA, 1985)

 

 

Pasando el puente, el aire se vuelve un confidente

y los pasos tuyos alcanzan el ritmo azorado

de los árboles chupadores del murmullo de la corriente

del río grande.

Su agua sabe lo que dice

porque los ríos aprenden caminando

y su larga presencia nos conduce

a las arenas violadas por su fluida maleza

a escuchar una cátedra de resistencia al viento.

Pasando el puente se recibe de repente

cortinas de sol al ras de la humedad disolvente.

Pasando el puente risueño y horas largas al viento

nos hace ronda para preguntar sobre el estado

de ánimo de nuestra lascivia inscrita

en demostraciones con pantalla fluorescente.

Pasando el puente se divisan los años enfrente

cabalgando sobre los volcanes derrotados

por la aspereza de carácter de la tierra mater.

Inevitablemente pasando el puente

incontroladas miradas te aguzan las sonrisas

y el río con sus brisas

te invitan a ser acurrucado por las yerbas hijas

nodrizas ellas de la corriente.

Pasando el puente

se puede sentir de repente

que el vértigo del pasado se torna presente

por la incansable melodía entonada por auroras y gentes

faunas y floras

nubes y montes.

Pasando

el puente.

 


 

LOS INTRANSIGENTES

 

 

I

Entre las cortinas grises

grasientas y sudorosas de las máquinas

como hombres consumados que apelmazan las

esquinas adormecidas de las cumbres

con el chasqueo del látigo del tiempo.

Con los ritmos acompasados

sincopados y dedos triturados

billetes amasados y mancillados

todos los apellidos

menos los del dinero.

Con las calles rectas reptando

por la circunferencia de las monedas

e infestadas con brazos

ordenados, bien peinados, tosiendo

también en la mañana:

aves de más tarde.

Con las cobijas negras y grises

grises y negras

agitandose a todas las horas del reloj

manoteando gargantas y arrebatando longevidades

sin capital constante y sonante.

Con estandartes en posición

hacia el cementerio

seguidos por imágenes devotas

de todas las partes del cuerpo.

Con libros sin alas extendidas

encima de las manchas febriles

y ennegrecidas y cobrizas las espaldas

por razones fabriles sin pretiles computables.

Erizados los párrafos

de las bibliotecas blancas sospechosas

momentáneamente templadas

rosas de fragancia hipotecada.

 

II

Por encima de las tempestades callejeras

amontonados los intentos de agitar al viento

los prados de la gran ciudad

meten la cabeza en bolsas llenas con pintura

siempre de día, siempre de noche, siempre.

El roar de los motores triturantes del silencio

se adueña de las carcajadas del aire

sin que las temblorosas nubes acudan

a sacudir con lluvia catalizadora

sus huellas indelebles, enfáticas, indisolubles.

 

III

Mas allá del medio día

con resortes tuercas y tornillos

hierro colado

sangre aceitada

sudor santo

humos encolerizados por troneras

desafinando al azul del cielo

y con recelo

de cabellos largos

trenzados, azotados

atrocidades rayoneadas

y escupidas al entorno lodoso

por lágrimas insepultas del libro

de la historia.

Mas allá

pedimos la gloria

sin ninguna esquizofrénica

adinerada moratoria

azul profundo

bandera color viento

café madre tierra

verde contundente

y muchas hojas bailarinas

esposas de los rugidos

bien disciplinados

por dedos sobre gatillos bien afinados.

 

IV

Con caracoles atormentados por exabruptos

blandiendo las hojas sueltas del viaje

aquel olvidado por los anales de los prostíbulos

amamantadores de los hijos de la historia, agilizan su marcha.

Pendiendo azarosamente de los cuadernos

de trazos compartidos con plumas hechas de asambleas nocturnas,

tediosas, hermosas

graciosas mariposas de la orden del día

(la agenda sacudida)

Con grillos martillando las noches cansadas

alargadas con levadura importada del país de la ignominia.

Con gritos pendiendo de los árboles

enraizados en una cólera secular

Con las ropas encendidas y los dedos explotados

y las conciencias desgarradas

por engranes engrasados con brazos

amortajados durante mañanas traicionadas

Con eso

con eso

nada más con eso

nada más.

 

V

Es la era de los montes endurecidos

intensamente olvidados

desde que las vejaciones fueron época

Es al era de las personas

de ínfima categoría

de aquellas que no escriben la historia

de aquellas que la hacen

de aquellas acompañadas

por los horizontes ensangrentados

de aquellos que han sido

tolvaneras sedentarias

con los brazos aceptados

ojos vendados

cuerpos brillantemente desmantelados

con ellos

con esto

con ello

conmigo

con aquellos

contigo

continuaremos siendo

intransigentes como las llamaradas

 


 

DEJA QUE TE BESE EL VIENTO

 

 

I

Alguien, no se quién pero le creo

me hizo notar que

en tus ojos

el cielo

acostumbra reposar

la mayor parte del día

y a tus labios

asiste

un arco iris

al que le da la locura al recostarse ahí

y se pone rojo

de la mañana a la noche

de la noche

a la mañana

De tu delicada nariz

no recuerdo muchos rumores

pero lo poco que pudo atisbar en las páginas de la memoria

no lo he podido (no lo he querido)

olvidar: me dijeron que el viento

de ciertas horas del día

gusta de pasear

ramas de flores

sobre la arquitectura sublime de tu rostro

para que sean olidas por tu

conmovida nariz.

Y que tus mejillas

todas sonrojadas

se tornan melodiosamente

queriendo esconderse

bajo la fragancia larga de tus cabellos blondos

 

II

Acostumbro cazar

lo mejor que puedo

de cada persona

con quien tengo alguna clase de contacto verbal

y meterlo en una libreta rodeada de mariposas agitadas

que de manera inexplicable ( pero cierta)

algunas frases se quedan

dormitando en las alas (rocío de viento)

de algunas de ellas

no obstante que se van

a donde el polen espera impaciente

el arrullo seductor que le brindan aquellas

con la visita a cada flor.

 

III

El impaciente viento forma nubes (y las desforma)

mece las piernas de las flores y les vuela el vestido,

impregna sus barbas y cabellos largos

con polen para recorrer el planeta

en el orden que indica la mano del sol.

Cuando asomes a tu ventana

deja que te bese el viento si?

 

 


QUE NO LLAMASTE

 

 

Andando los días

sus tardes

sus filos

el desorden de sus pétalos

y la fragancia de sus encuentros

me llevaron al frente blindado

de tus miradas; además

pensando que pensaba

tus ojos me arrebataron el equilibrio escrito

en los libros, aunque el hambre

desconsiderada

reprimía mis manos temblorosas.

Cerca del lugar

altar de rosas pude

abrir mi océano

frío, testarudo encabritado,

deseoso de ver volar tus aves blancas

sobre las cortinas húmedas

del día adormecido

y sin decir nada.

Pedí lo acostumbrado

lo más cercano a mis bolsillos,

me contestaste

armoniosa

barajando escenas inseguras

correteando deseos en las alas

de pájaros buscadores se esquinas

calurosas, y como remilgo tembloroso.

Soy de donde he sido

nací donde al mar

lo tenemos en retratos,

los colores los bordamos en arco iris heridos,

donde miramos los libros

y tosemos profundamente,

pero tosemos cuando las noches

pastan silenciosamente a las nubes

aquellas que hacen enciclopedias

con los nombres de las estrellas.

Entré hasta tu pelo

sin darme un aliento considerable,

más, palpable te apresuraste a jalar las semanas

para recorrer las horas del día

y con el temor

siempre surgido

en encuentros inesperados.

Una fulgurante tormenta de ventanas

abiertas y cerradas

zarandeaban al viento sus faldas rayadas

por cierto ambientando envidias en los edificios grises

y en las puertas confiables que

así se fueron a jugar a la esquina

con mis ojos

ya que la banqueta era

la única que los maltrataba.

Alma mía

sin tus páginas hojeadas

a menudo

por ahí, sin rezongar quedó prendido

aquel lucero engalanado con soles

y un mar alborotado

y todos los viernes

que hacen filas con tus citas, tus ausencias

y el remanso de tus labios

el mar calmado

de tus ojos,

desgajado, metido en guantes de espuma,

y esperando amarrar fuertemente

la destrozadora hora de tu llamada telefónica.

Hacía frío

y desesperado (más que torpe)

me puse la tarde

a la espalda y empecé

a barrer los tumultos de pechos

a pesar de tener las miradas

que se escapaban

arando ingratamente en las distancias

pero con el pelo largo y trenzado de

las calles.

Cambiaba de lugar

de deseo

de página

de cerebro

cerraba los puños

sus poros

me regañaban el corazón y todas

las vísceras nobles me regañaban

me resistía a creer el color jactancioso

de la noche

mucho menos

que no llegabas

que no llegaste

que no llamaste.

 

 


 

LLEGAR TARDE

 

I

Llego tarde porque el sol come almas

y con su lápiz sin punta anota mi llegada.

Hubiera llegado a tiempo pero tan radical sería la llegada

tan maduro el entusiasmo

que con la pasión en los ojos y mis colores

te hubieran producido luz sin sombra.

Llegando tarde antes que llegar ardiendo

y las miradas enclaustradas en el celo

sin hablar un instante

un sol

una nave de dolor,

quizá el encuentro entre rojos raros

iracundos emblemas

que aún dependiendo del amplio sarcasmo

hubieran causado más frío en las manos atadas a mi libro

que los deseos insatisfechos de las letras del olvido:

llegué soñando

Tan infantil fue mi llegada

que no tuviste tiempo de alcanzar el olvido

quién en medio de las hojas desnudas, encorajinadas

sobre la mesa y

maceradas por el llanto

soltaron sus letras débiles

como cuando nosotros nos ardíamos

en el perfume de la nieve huraña.

Con un encanto sobre la mesa y otro sobre mis manos

he recorrido el amanecer abstracto.

 

II

Movido por espaldas traídas del amor juvenil

sobre gritos y pocos encantos pero

nada pedante y rondando

los hospicios de las camas dormidas digamos.

Sigamos alzando los amplios horizontes,

no esperemos al quejido final de las brasas ardientes

y la sopa fría del atardecer

porque si lo hacemos es por tu piel vacía

ausente de dolor de ramos de flores secas,

más que por los constantes desencantos rocosos

y aguas perdidas en su propio vaivén:

es por los años sin potestad.

Digamos

vamos rondando sobre la lógica del rayo azul

que mirando hacia arriba es como sacar

conclusiones del presente,

pero abrazando los modos del caballo

que ha enviado el valiente viento del sur,

y la falta de espaldas de roca

que cae en la nieve desgraciada,

quemada con cuerdas agobiadas

por las líneas de los caminos inciertos,

digamos.

Todo por la totalidad incierta

y el presente correoso

todo por esa tersura de piel y ausencia de silbido de viento

cada camino abre los brazos en señal de mentira

y que con la ira contenida en esos tantos años

resbala al precipicio que los animó

soñando de las tardes después

de las faenas cotidianas:

(había estado antes ahí pero partí a través de las venas

de las hojas de otoño).

 

 


 

LA DISTANCIA ALMACENADA

 

I

El primer instante se delineó atrás de las monedas

Se fue al mar y a los montes, a la nieve

A los brazos inseguros pero dolientes, torpes del primer placer

Se extendió por el cielo con las nubes y el azul siempre amable

Mas allá de cualquier llanto

El humo de la ciencia se perdió con ese instante

detrás del horizonte curvo y se fue a pernoctar a las librerías del alba

 

II

Con mis solas manos he abierto el mundo y he dejado

salir sus montes, sus tormentas,

sus paisajes su edad y sus cuevas oscuras

Ya bajo el sol con mis sueños en sus venas se van a la calle

a cantar en las esquinas la canción del ayer

Y yo me quedo en el filo del amanecer acariciando

los últimos miembros de la luna esperando

con el vientre ya abierto a los esbirros de los dioses.