Mansedumbre

 

I

 

Son las horas insepultas

son las horas indecentes

son las horas inmaduras

son las horas malditas

son las horas despiertas;

vengan a comer todos los insensatos,

todos los buitres arrepentidos;

vengan a llorar su hambre

a este camino de tijeras y sotanas;

vengan, vengan todo los ancestros rarificados

malentendidos, llorados,

abandonados por las estrellas mas brillantes.

Vengan los sin leche, sin alcoba plana ni curva,

ni nada geométrico que maldecir.

Maldito sea el momento que la letra se puso plátano

sin preguntarle a los diputados de las hojas aterciopeladas

que hay en las sombras mas tristes de las esquinas de mi caja voladora.

 

II

 

Mañana cuando amanezca, cuando los

berrinches del viento ya no descuadren

el humo de las fábricas roncas, mi sangre saldrá llorando.

 

Las canciones aprendidas en el banco mas cercano

o en el código penal o en la “o” .

Nadie saldrá herido de su arrepentimiento

ni siquiera Platón tendrá que desvestirse ni Maria Sabina tendrá que aceptar dioses sin hongos,

ni la televisión se saldrá con la suya

Ni con la otra, ni con la mía.

 

Esta vez mi alma en tortillas de harina,

nadando sopes para el presidente de la república

que nunca llegaron a los textos de honor del discurso

con la asociación de morales enlatadas.

 

Mañana, aunque nadie lo crea, mis venas cumplirán años

y entonces todo mi cuerpo cantará la canción

de los montes azules y repartiremos los

capítulos menos leídos de la Biblia.

 

Aquí voy arrastrando mi gramática mis esdrújulas mis

montes redentores y los brazieres de mis vecinas

para llevarlos al sacerdocio de los volcanes

 

No me mientan

No me mientan

No

No me mientan

al medio día.

 

III

 

Cuando los gérmenes del encanto

navegan por los limbos prescritos por el filósofo borracho,

sujétenme al Olimpo, al cielo estrellado,

sujétenme a los montes quejumbrosos;

no me dejen correr por los abismos y

las verduras sedientas de cuchillos

 

Me arden los dolores de la gente ciega,

de la gente con agravantes en el purgatorio,

de la gente sin aromas alquilados,

de la gente sin círculos concéntricos

de la gente sin láminas de oro repujado.

 

Antes de abandonar mis extremidades

mi razón y mis carteles de protesta,

quiero cantar la canción del volcán enamorado

, nada mas cantar, mírenme antes de cantar,

mírenme antes de morir, mírenme antes de volver del pasado,

mírenme antes de visitar sus propias miradas

y su propia república ocupada;

la salida hacia el mar esta sellada

con  esas lunas

que compré el día del pleamar.

No las toquen con sus piernas desnudas,

haz lo que te dicte el morral alquilado

de tus ancestros, no llores frente al vendedor de refrigeradores,

ya que mañana un hombre de hielo esta por caer del cielo.

 

VI

 

Que agonía no saber suficiente del presente

y navegar en un pasado medio naufragado en turbias indecisiones,

mirar los astros con una mano en el bolsillo y la otra contando boletos de rifas;

no quiero inundar las calles con mi presencia ni tampoco las librerías

lóbregas de los sótanos que perdieron el hilo de mi conversación;

mañana temprano las zanahorias vendrán a darme serenata con

martillos y cardúmenes asalariados

así no tendrán que aguantar la música.

 

Esperemos el final de este gólgota pordiosero

aunque el universo se abra como flores prostitutas

para dejar pasar el aliento de los muertos;

no se asusten con mis ojos cerrados es que voy a comprar la avaricia humana;

es como el viento sin tolvanera que se introduce

donde lo dejan y no ceja de acariciarle el busto a las muchachas.