Los seres inasibles

 

I

 

Había una vez una uña descalza que se levantaba la falda para que todos soñáramos.

Pero una vez llego un zapato con ojos saltones y se adueño de nuestras carencias.

Desde entonces los dedos de las uñas se manotean incesantemente

y para que nadie baile en las fuentes de los discos subalternos,

todas las sombras se trenzan en automóviles sin bigote.

 

Mas cosas sobre las lagañas se han escrito durante las sesiones espiritistas de las banquetas

que justicia hecha al polvo de los caminos.

Para todo aquel que siga creyendo en lo ancho de las melodías que se oyen a flor de tierra, mejor estampen sus rodillas en el chocolate.

 

 

II

 

Había una vez unos calzones que se casaron con una puerta y para que nadie hablara de ello todo el mundo empezó a escribir poesía.

Desde aquella vez las calles de las ciudades pequeñas vomitan torres de marfil

Y los mares andan con el cabo entre las patas

 

No digan nada al sacerdote del árbol partido, de lo contrario la estufa se cambiará de bufanda y junto con el agua bendita se van a bañar a las pastas de la Biblia.

Demasiado tarde puede llevar al árbol al baño y la Constitución a comerse la sotana del sacerdote.

Tengan cuidado con lo que hacen: no se orinen en los ojos del guardián del orden público de lo contrario vendrán las tormentas que no pasaron el examen médico del doctor a quemarropa.

 

Adiós y hasta luego, no vengan jamás a mi memoria

 

 

III

 

 

El viento entre los pasos

 

El viento entre los pasos se ha roto los dedos de la frente no obstante me vino a contar la vida de los halcones solo que por la mañana saldrá el cambio de mulas para izar el gogote de los aranceles.

Por el otro lado sin mirar para el lado oscuro de los papeles legales no se puede atisbar ningún reducto de pinceles ejemplares.

Así que los vientos andrajosos con sus corbatas llenas de plumas arman un ropero con los restos de la vida de los presidentes.

Y para que nadie lo dude vayamos todos juntos a cortar diplomas al panteón

 

 

IV

 

El regreso del sello mutilado

 

En cada ardor el sello mutilado se hacía el loco pero mas adelante la panadería requería de unas joyas para aliviar el pecado del sol.

Nadie preguntó por los instantes abandonados en la talla del vestido azul que antes de venir se había desecho como nieve de relojes con manecillas groseras.

De tal modo que el viento entre los pasos se retiró al instante mas corto que encontró afuera del menú corpóreo y talentoso que había llegado con la mama de los ruidos.

La multitud que se había aglutinado a edificar monedas volátiles para tirar entre los pies del viento, desistió no sin antes comer patrullas envilecidas.

Como preámbulo de retirada los perros de la luna se flagelaron mutuamente hasta

Levantar los ríos de la frontera con la locura.

Horas después el tiempo cayó muerto

y así el sello mutilado recobró su fama.

 

V

 

El cuaderno paralítico

 

Con casi quinientos renglones y quinina en la sopa, el cuaderno paralítico

llegó a la Terminal del cáncer cérvico.

Los médicos abrazaron sus sollozos no sin antes pernoctar en los vidrios rotos de la abuela voladora.

La gente reunida ahí se pregunto mucho sobre la vida de las butacas hasta que apareció un doctor con su provincia vendida. Su respuesta fue tajante: Olvídense del mar.

Con sus hojas minerales el cuaderno paralítico se desvaneció en los lápices verdes hasta que llegaron las rocas olvidadas en el desierto de las películas prohibidas y le dieron respiración de oca a oca.

Dejaron con la boca abierta a la nación entera pero al pasto nada mas se le seco el recio.