El Muro II

 

Que altitud y que dureza.

Qué profundidad que hasta el viento olvida su curso.

Cómo se desdibuja el sudor en el arco iris de madera.

Cómo se buscan entre sí los vestidos para cantar sus desdichas.

La palabra no alcanza a sus páginas pero tampoco al hervor de la sangre.

Tus escaleras usan pañoleta y muletean a los montes ultrajados.

Mañana ya no somos hervor ni vapor de luces de callejón.

sólo te digo que las banquetas hoy duermen su siesta en los bolsillos del presidente

porque las lunas y los impuestos narran con libélulas los pedazos de santo que dejó

su auto enloquecido.

Nada de piedra se pierde en las máquinas del placer.

Todo se acumula andando los sollozos del tigre de rayas atormentadas.

El huevo y la gallina danzan el baile del oro editorial, encima del color

prestado a los cientos de agujeros del sector de ventanas altas.

Pero por la tarde los hermanos se repartirán las esquinas del bosque

sin saber si los lobos ya hicieron su servicio militar obligatorio.

Nada de piedra se pierde en las máquinas del placer.

Todo se alza con la envidia hasta verle el fuego a los diablos,

la chispa arrepentida que no quiso ser pistola.

Todo sigue ahí donde la razón parpadea al unísono de la orbita terrestre.

Todo se yergue junto con el aroma a tabiques robados.

¿Como saber si el futuro tiene ranuras que vivan en la casa de diputados?

¿Como admirar los reflejos astillados y amarillentos que se deslizan sobre los planes de ese muro?

Si hay rabia es porque los anillos son de circunferencias hipotecadas al nacimiento.

Si hay malestar es porque las miradas andan sueltas como fieras mal pagadas

por si acaso las cumbres azules cohabitan sigilosamente sobre mi desdicha.