DIÁLOGO DE SOMBRAS

 

Sumida en su pesar una sombra

lame las esquinas del universo,

porque no tiene otra cosa que hacer.

Uno se pregunta sobre las cosas primeras,

¿primeras de que o que?

 

Muy adentro de los instintos,

otra sombra ni se asombra.

 

Para mañana el amanecer es otra vez diferente.

¿Cómo podría dudarlo después de tantos viajes

por tantas sombras?

 

Las calles de la ciudad confían

en las sombras de los volcanes:

la nieve sufre tanto como el tráfico citadino.

 

Dándole la vuelta al sentimiento y

ensombrecido y gallardo por un albur,

las manos rudas se ensombrecen:

las endebles dejan pasar el universo entre sus dedos.

¿A quién le importa?