Ahora que he venido

 

I

 

Ahora que he venido el polvo ya es una estatua,

Ahora que he venido

solo quedan los pájaros que usan corbata

y saben vender su vuelo:

atrás de la edad quedaron los colores níveos

y múltiples de su vestuario;

 

Ahora que he venido

Los maizales se arremolinan en las aduanas,

El aire compra droga a sus vecinos, aunque

Camina todavía cadencioso hacia el mar;

las rocas, (claro ellas siempre contándole a todos, todo)

se desentienden del paisaje

y fuman lo que se les invite.

 

Ahora que he venido el hambre esta ahí todavía

sobre los machetes y sombreros de la gente

esperando el tren para el norte.

Los caracoles siguen ahí donde algún mar

los fue a tirar de odio por la especie

(entre espejo y espejo)

 

Ahora que he venido.

Las niñas viven en los espejos durante el día,

por las noches venden imágenes del universo

pero yo compro sábanas donde bordar mi ausencia y escuelas

donde educar mis fantasmas.

 

II

 

Había albures que jugar y los jugué con la cabeza metida en

Remolinos de pasiones que vociferaban en mis bolsillos y hasta

Los ruidos de las bibliotecas me aconsejaban borronear

las hojas del destino

 

Un camino

se trenzaba con aromas impredecibles:

suficientes ademanes bordeaban sus cauces;

en la lejanía un arroyo de abejas hacían una cama voladora,

yo no quise voltear a verlas para no convertirme en pirámide

solo alcé la mirada y ví como las nubes

ya no hacían el amor como me contó mi abuela.

 

Había miedo en el pavimento, en las paredes

en los botes de basura había miedo,

Se veían templar las decisiones en cada espacio

de los pasos de la gente

Yo no veía más que ruinas manoseadas

y familias de perros en mi garganta.

 

Los árboles por las mañanas me enseñaron a enamorar mariposas;

por las tardes me enseñaron el color de su sabia rebelde y

por las noches me enseñaron todas las definiciones del adiós.

A los ríos nada seco les importaba, les bastaba

con meandrear abatiendo los sinsabores del olvido.

 

Se atisbaba un devenir de multitudes mudas cargando

a cuestas un racimo gramatical:

no había incruenta alguna que mancillara con dádivas el gabinete

de bestias premiadas con ignorancia,

ni almas capaces de comprar alas al pasado.

 

Había dolor sí, había, como había triángulos retorcidos

en la geometría del día.

Las noches no lamentaban el aroma de verdades

sino que se complacían en ser límites del alba

nada mas por enfadar a los verdugos del placer.

 

Había rabia en cada esquina de la razón, si, la había.

Había flujos y reflujos de condolencias,

los cuerpos del saber comían letras inmaduras con las manos crispadas

mientras sus cabezas se llenaban de montañas mansas.

 

III

 

El pan surgía intolerable ante los remedios del salario,

sin embargo las horas fluían agazapadas bajo el hedor

de los acuerdos filosóficos.

Aquellos que el mar desechó porque los náufragos del libro sagrado

Desollaron a sus hijos con plegarias que luego

dibujaban sobre las estatuas al dinero.

 

Me sacaron de aquí con la luna armada hasta la sienes,

sin música ni conejos sabios ni grillos secretarios

enamorados de la noche.

 

Me fui con las golondrinas y con las nubes de Marzo

me hice una tormenta para que las lágrimas se confundieran con lluvia.

No volví a ver a los señores del fuego ni de la lluvia ni a su madre ni a la mía.

No volví a oír el crujido de las hachas ni su resplandor

No volví a ver la serpiente enamorada de las cárceles y en las márgenes del adiós

No volví a ver el baile de volcanes ni a sus amantes ni sus sombreros de bosque.

 

IV

 

Me asenté con los orígenes del pecado

y sus páginas escondidas en los baúles del pincel

Me fui con las ráfagas inseguras del viento del norte

y pasé por donde la muerte compra leyes y abogados para su altar.

Ahí donde ni los quejidos saben leer las escrituras sagradas

Ahí me caí otra vez

Pero esta vez ya venían las rocas y el heno

a contarme cuentos sobre el amanecer y su familia.

Ahí los bosques subían al cielo para derramar pureza

y los caminos nada mas compraban ropa nueva mientras

los destellos de los años se casaban con las auroras boreales.

Ahí el llanto se volvió digital y etéreo y los suspiros asistían

a clases de memoria.

Ahí también las líneas del pensamiento olvidan los papeles

y los saltos sobre los charcos de la lluvia martirizada

Ahí nada se vuelve mucho debajo de los comedores públicos

que pululan en las libretas de los soñadores.

Ahí el sol vende sobres sin dirección nada mas

con estampillas hechas de nostalgia y calles oscuras.

Ahí los libros se besan con las ramas del conocimiento

para engendrar sexos nuevos y nieve cicatrizada.

 

V

 

Me he traído asuntos iridiscentes para mitigar

mis pasos sobre púas increpantes

He traído indecencia para vender en las esquinas de la moral

a los caballos salvajes y a las brujas del castillo dorado, y contarle

al huazontle mis pecados.

Me ha traído la calma de los calabozos que es la calma

de los planetas sin sol y de las guitarras sin arquitectura de magueyes.

Me he traído las golondrinas machacadas por el anonimato

que junto con el olvido masacraron al sustantivo ese mismo que no conjuga

con el sueño vuelto un barco sin velas

Porque el espanto con un cuchillo en la espalda vive ahí también

donde el mar baila con su espuma y las estatuas duermen su siesta.

Porque ahí negando a la perfección los caracoles se matan

unos a los otros con hojarasca mansa y arroyos en la espalda

Porque ahí negando a la perfección las auroras se matan unas

a las otras con pianos y el cause de los ríos

Porque ahí negando a la perfección los deseos se matan unos a los otros

con baños de pureza y hojas en blanco pero matizadas

con nubes borrachas y ropa interior tendida en los parlamentos.

¿Porqué el porque se mezcla con bancas vacías y se le da de comer a los puercos?

Porque ahí se come la oveja del sacrificio con relámpagos mientras

se desgranan los misterios del hambre enlutada.